Los miles de lectores que me leen se pueden llevar una idea equivocada de Milan Kundera (mi primer (¡mentira!) amor literario: no es raro esto del amor literario, es un amor que nunca te traicionará y no te dejará porque te huela el aliento, hayas perdido un ojo o por un problema glandular hayas aumentado cincuenta kilos de golpe).
Mis posts en efecto pueden haber ahondado en la falsa impresión de que es un escritor obsesionado con los anos, la mierda y ocurrencias divertidas, y que es un escritor poco serio (o sea, incompetente) y muy dado a la peor chanza. Omitiendo mi fiel estilo Casto Escópico (ver cartelera Turia) que he venido utilizando todo este tiempo, para martirio mío trataré de escribir (transcribir: copiar) algo serio e interesante de este escritor checo sin contar una absurda historia escatológica (y sin muchos paréntesis, cosa que, como pueden comprobar es harto difícil ya).
En la Quinta parte de su último ensayo sobre la novela “El Telón” está dedicado a: La estética y la existencia. Estos dos conceptos son inseparables y una constante en sus novelas: en la definición de sus personajes y su condición humana. La buena comprensión de estos conceptos en la lectura de sus libros arrojará luz y comprensión (comprensión porque tanto en los libros como en el cine, las películas, lo que queremos es comprender: comprendernos a nosotros mismos y a los demás) desde una perspectiva quizá hasta ahora ignorada:
La estética y la existencia
¿Dónde buscar los motivos más profundos por los que los hombres sienten simpatía o antipatía los unos por los otros, y pueden o no ser amigos? En El hombre sin atributos, Clarisa y Walter son viejos conocidos de Ulrich. Aparecen por primera vez en la escena de la novela en que Ulrich entra en la casa de ellos y los ve tocar a cuatro manos el piano. “Ese ídolo corto de patas, de morro prominente, cruce de buldog y pachón”, ese terrible “megáfono por el cual el alma grita al Todo como un ciervo en celo”; el piano representa para Ulrich todo lo que más detesta.
Esta metáfora aclara la insuperable falta de entendimiento entre él y la pareja; una falta de entendimiento que parece arbitraria e injustificable, ya que no proviene de ningún conflicto de intereses y no es ni política, ni ideológica, ni religiosa; es hasta tal punto inasible que sus raíces ahondan muy profundamente, hasta los fundamentos estéticos de sus personas; la música, recordemos lo que dice Hegel, es la más lírica de las artes; más lírica que la propia poesía lírica. Ulrich se topará a lo largo de la novela con el lirismo de sus amigos.
Más tarde, Clarisa comienza a hacer suya la causa de Moosbrugger, un asesino condenado a la pena de muerte al que la sociedad mundana quiere salvar intentando demostrar que está loco y que, por lo tanto, es inocente. “Moosbrugger es como la música”, va repitiendo Clarisa por todas partes, y mediante esta sentencia ilógica (intencionadamente ilógica porque le corresponde al espíritu lírico presentarse mediante frases ilógicas) su alma grita al universo su compasión. Ulrich permanece frío ante ese grito. No porque desee la pena de muerte para un alienado, sino porque no soporta la histeria lírica de sus defensores.
Los conceptos estéticos sólo empezaron a interesarme cuando percibí sus raíces existenciales; cuando los comprendí como conceptos existenciales; porque tanto la gente sencilla como refinada, inteligente o tonta, se enfrenta constantemente en su vida con lo bello, lo feo, lo sublime, lo cómico, lo trágico, lo lírico, lo dramático, la acción, las peripecias, la catarsis o, por hablar de conceptos menos filosóficos, con la agelastia *, con el kitsch, con lo vulgar; todos estos conceptos son pistas que conducen a distintos aspectos de la existencia inaccesibles por cualquier otro medio.
Ojalá que esta pequeña y brillante “muestra” de Milan Kundera sobre los conceptos estéticos os ayude a dar una nueva o mejor perspectiva en vuestras vidas (y también una mejor idea de Kundera).
Quizá muestra insuficiente pero plenamente satisfactoria en sus libros, como por ejemplo en “La insoportable levedad del ser”, auténtico manual para iniciados de la condición humana (como telón de fondo histórico la invasión por parte de la Unión Soviética a la República Checa y el sufrimiento de “su” comunismo: (exiliado en Francia) “Me apresuraba a explicar por todas partes el verdadero escándalo de nuestra situación: privados de la soberanía nacional, no sólo nos había anexionado otro país, sino otro “mundo”, el mundo del Este europeo, que arraigado en el antiguo pasado Bizancio, tiene su propia problemática histórica, su propio rostro arquitectónico, su propia religión (ortodoxa), su alfabeto (el cirílico, que proviene de la escritura griega) y también su propio comunismo (nadie sabe, ni sabrá, lo que habría sido el comunismo centroeuropeo sin la dominación rusa, pero en todo caso no se habría parecido a aquel en el que hemos vivido).
Y ja no escribo más que me enrrollo y tú te fatigas la vista (fiel fan mío).
* “…desacuerdo visceral con lo no serio”.

Ostres nen, massa dens per a un dissabte per la vesprada. Ja me’l tornaré a llegir diumenge per la nit, a vore si se m’acut una altra mena de comentari que fer-te :-D.
PS: Anyore les cogudes mentals tipus “El misteri de la barbeta” o “The rice is over”…
estic pasant la meua pitjor fase de pedanteria literaria…no tinc remei. No te preocupes ja tornará el cogut que porte a dins.
i en castellá, no tinc perdó…