Ara que arriba el estiu, i açò comporta en el imaginari col·lectiu de totes les edats bikinis, cuixes morenes, pits turgents, esquenes descubertes que lleven el singlot, panxetes sensuals, roba llauguereta, etc… este text de Michaux reflexiona sobre allò que se está perdent: l’erotisme: l’art de ensenyar lo suficient pero sense pasarsen, mai ensenyant-ho tot, sempre deixant el fruit prohibit per a l’imaginació (calenturienta). I dic que se está perdent perque u va a la platja i encontra cada vegada més nudistes i nosaltres, després d’un temps (un quart d’hora o una hora en un cas perdut) de mirar aquells pits com si no ho haguerem fet mai (sempre mirem els pits d’una xica com si no haguerem vist mai uns; i totes les dies o les nits molta gent encara te la costum de menjar entre apat i apat mamella (qué anem a fer, hi ha gent que mai pasará de la pubertat)) tenim que reconeixer, encara que siguen uns pits esplendit (erguidos y capaces de alimentar a toda Somalia) que allò no es res del altre mòn, inclús diria, en molts casos que son dignes de llástima (la Playboy TV ha fet molt de mal). Recordem que hi han pits garxos per ahí: per no fer una llista més llarga: raquíticos, ennegrecidos, desiguales, demasiado separados, los caídos: los que tocan el ombligo, los que tocan las rodillas, etc, rancios, puntiagudamente peligrosos, sin pezón, con solo pezón, secos, deshidratados, excesivamente triangulares, etc…

No corregau a la platja, no, fent vos il·lusions: un pit es pit un i no una cara.

Per a acabar me pareix brutal l’últim paràgraf. Pot ser Alis te algo que dir al respecte (Alis o algún ente femenino)?

(Música trágica: “Aparecen los huesos malayos…”). Collons, quina por de cuitor la dels balinesos!

Las mujeres balinesas tienen más seno que expresión. Después de un tiempo en Bali, se acaba por mirar a los hombres.

El europeo que ve senos desnudos piensa, sin querer, que va a suceder algo. Pero no sucede nada. Entonces se acostumbra.

Estoy profundamente convencido de que me acostumbraría muy pronto a ver mujeres completamente desnudas.

Un seno no significa gran cosa. Se recurre a la cara para saber con quién tiene uno que habérselas. Las mujeres, entre ellas, se miran en los ojos; no se miran al cuerpo.

El pecho de las balinesas es bello; está en armonía con la cara agradable, pero poco expresiva.

Recuerdo haberme sorprendido y desilusionado un porción de veces en Francia por el hecho de que, al descubrir sus senos una mujer, eran sólo hermosos, en tanto que el rostro, trabajado por la inteligencia y por un alma singular y rebuscada, me había hecho creer en cierto modo que los senos también serían originales. Pero un seno no es una cara.

Una de las cosas que llaman la atención en Bali son las mujeres que ya no son mujeres. Eso concluyó para ellas. Hay algunas de seno poco abultado que, al secarse, se aplasta exactamente sobre el pecho, que se vuelve como el de un hombre.

Hace tiempo que la cara ha vuelto al tipo hombre y ha perdido todo rastro de feminidad. Aparecen los huesos malayos. La mujer no es frágil, pero es transitoria. Sucede que guarda apenas algunos rasgos del carácter femenino, como recuerdos de viaje. La mujer hace al hombre. Hace unos cuantos y después se deshace.

Un bárbaro en Asia. Henri Michaux.