Dos curiosos llibres m’he trobat esta setmana a la biblioteca del poble: un, de morros, al panel on exposen les noves adquisicions de cada més; de l’altre vaig quedar seduït pel títol i la portada (que anem a fer-li, sóc així).

Del primer, del que no vaig a parlar-vos en estos moments, ensenya a fer cervesa casolana o “masetera”. Esta escrit per un anglés resident a Barna, i consultor – pel que ell diu – de grans empreses cerveseres que li demanen consell a l’hora de dissenyar una birra. Té uns capitols on explica el procés de fermentació de la birra, materials i materies primeres que en fan falta. A mi m’ha semblat mogolló complicat, però ei, no en feia Wilt de birra casera mentre intenta evadir del pensament el seu malson – de nom Eva – observant amb prismàtics la preciosa terrorista que viu al pis de dalt? Ell llibre te una miscellanea sobre frases dites per famosos (politics, escriptors, poetes…) sobre la cervesa i els seus gran efectes. Son frases divertides, amb bon humor que han vingut a parar – com diuen els castellans – como anillo al dedo, en un assaig a les primeres pàgines del segon llibre, Misterios Gozosos, obra de Fernando Savater, catedràtic de filosofia al país basc.

Diu així:

ELOGIO DE LA TABERNA

No conozco oración más conmovedora y más sentida que aquella con la que comienza “El pequeño vagabundo”, de William Blake:

Madre querida, madre querida, la iglesia es fría,
mas la taberna sana y placentera;
puedo decir además que es donde me tratan bien.
Tan buenos momentos no tendré en el cielo.

Es difícil más verdades en menos palabras, salvo quizás en algún tratado de matemáticas y, francamente, las verdades matemáticas son a la verdad lo que Audrey Hepburn a Marilyn Monroe. La taberna es un lugar sano, placentero y donde por añadidura mejor le tratan a uno[...] No hay signo de civilización más indudable que la abundancia y calidad de tabernas[...] Tuve yo un compañero de trabajo del fenecido PSP, luego del PSOE y hoy asesor ministerial, que cifraba la civilización en los perros y la cerámica. Los países en donde se dan numerosas razas caninas, todas reverentemente tratadas, y en los que la cerámica es artesanía inventiva y públicamente venerada, eran para él países de primera, países punteros en los que a desarrollo civilizado toca. Personalmente, nada tengo contra los perros, a los que por lo general detesto, ni contra los cacharros con florituras, cuya utilidad y belleza no me son precisamente evidentes; pero no me digan que se puede comparar una buena taberna com una olla megalomaníaca o con un chucho…Quizá en Euskalerría no haya nada de lo que encadilaba a mi amigo, pero en cambio sobran las buenas tabernas. Comienza uno a aprender euskera, por ejemplo, y los temblores de neófito se le pasan cuando una de las primeras lecciones del método más popular se titula precisamente Tabernan y allí en la taberna se establece el animado dialoguillo pedagógico de los personajes, con elegios al vino y todo. Una lengua que comienza a aprenderse con ejemplos tabernarios tiene que ser por fuerza sabrosa y civilizada[...]

La taberna es un ámbito esencialmente materno, en el sentido más hospitalario del término: fuera todo es llanto y crujir de dientes, extra tabernam nulla salus…No es, pues, el lugar de la vida activa, sino del inicio o remate e la actividad; allí comienzan los negocios y también concluyen con un trago las sociedades que han dejado de ser rentables; allí se tonifican entre bélicos himnos subrayados por golpes de jarro sobre el mostrador quienes parten al combate y allí se celebra el regreso del héroe victorioso o del superviviente; de allí sale el viajero que marcha a lo desconocido y allí retorna para narrar a un círculo de ávidos oyentes las peripecias de su travesía; allí se bebe a la salud de la bella cuya cita va a acudirse por primera vez y allí también, ¡ay!, se apuran los tragos espesos en que se busca consuelo de su pérdida. La taberna es una paréntesis en la vida, como el sueño; y, también como el sueño, ese paréntesis está más lleno de significado que la propia vida. [...]

Quizá se me diga, con trémolo de regeneracionismo abstemio, que en las tabernas se bebe y allá donde se bebe también puede beberse demasiado. A lo que se supone que yo debería responder cantando las virtudes del uso moderado del alcohol, sus beneficios para la salud o la sociabilidad en la dosis adecuada, etc…Es lo que han hecho todos los hipócritas que en el mundo fueron cuando han querido defender el vino, de San Pablo a Xavier Domingo. Lamento no ser propenso a tales empeños educativos. Personalmente, creo que no se debe beber demasiado: sólo lo justo para emborracharse; pero en estas cuestiones me siento tolerante (como dijo muy bien Bergamín de sí mismo, soy liberal en todo salvo en política) y si alguien se encuentra agusto en el exceso, no diré ni una palabra para desanimarle. No faltan, sin duda, argumentos edificantes a favor de la bebida: gracas a la embriaguez, por ejemplo, me he visto libre de la adición a la drogas duras, pues no suelo estar sobrio el tiempo suficiente para conseguirlas. Pero no rebajaré a este tipo de palinodias ni tendré la desvergüenza de considerar la borrachera como un efecto indeseado o un mal menor. Abundan las culturas que no han mirado la embriaguez con virtuosa repugnancia; no me refiero, desde luego, a las habituales coartadas antropológicas que relacionan los excesos etílicos con la fiesta, la suspensión de lo cotidiano, la posesión divina. Dionisos y demás grandilocuencias para borrachos de mala fe. No, hablo más bien de una tolerancia usual y sin énfasis que suele darse por lo común en tierras de sólidos bebedores, como por ejemplo Escocia. De esta peculiaridad habla es escocés Stevenson en su ensayo sobre uno de sus paisanos, el poeta e insigne borracho Robert Burns: ” Lo más duro que he oído contra el alcohol en Escocia se lo escuché a una vieja puritana, que solía decir que la bebida es peligrosa porque puede llevar al vicio”. En cambio, Rabelais tuvo mala fama entre sus envidiosos contemporáneos por su afición desmedida al veneno de Noé: decían de él que nadie lo vio nunca completamente sobrio por temprano que fuese, lo cual no deja de ser un bonito récord. Y sin embargo se ganó un hermoso epitafio de Ronsard por este misma afición, en el que se incluyen interesantes disquisiciones sobre las transformaciones fermentativas de la materia:

Si d’un mort qui pourri repose
Nature engendre quelque chose
Et si la génération
Se fait de la corruption:
Un vigne pendra naissance
De l’estomac et de la panse
Du bon Rabelais, qui boivoit
toujours, cependant qu’il vivoit…

(que ve a dir més o menys: que si d’un mort la natura el corromp i d’ell fa creixer qualsevol cosa, una vinya naixerá de l’estomac i la panxa del bon Rabelais, que va beure tots els dies que va viure…)

Beber y vivir. Es inevitable recordar aquí otro epitafio, éste compuesto por el propio interesado, bebedor nada rabelesiano sino agónico, pero dotado también de fundamental ironía:

Malcom Lowry
Difunto de Bowery
Su prosa era florida
Y a veces reñía
Vivió de noche y bebió de día
Y murió tocando el ukelele (!)


L’assaig continua un poc més, i comença Savater a fer recorregut per totes les tabernes de Donostia, de les que està sense remei encadilat. Sempre em resulta xocant, coneixer estes xicotetes histories sobre escriptors i poetes. Al primer llibre, aquell del que allà dalt vos he parlat, inclou una frase, que ve a recordar-nos l’origen o musa de tota gran obra:

“Ningún escrito será recordado muchos años, si ha surgido de bebedores de agua”

Apa! Salut a tots!!