Era un perrito muy pequeño, de raza japonesa. Se llamaba Lulú. Disfrutaba del privilegio de dormir en el lecho imperial. A veces en el curso de alguna ceremonia saltaba de las rodillas del Emperador y se hacía pipí en los zapatos de los dignatarios. A éstos les estaba prohibido mostrar, con una mueca o un gesto, molestia alguna cuando notaban humedecidos sus pies. Mis funciones consistían en ir de un dignatario a otro limpiándoles los orines de los zapatos. Para ello utilizaba un trapito de raso. Desempeñé este trabajo durante diez años.
Extracte de “El emperador”, de R. Kapuscinski: un llibre fascinant al voltant de tot un personatge, Haile Selassie, Rei d’Etiopia. Kapucinski ha novelat les entrevistes que mantigué amb els subdits de la cort imperial. No té desperdici.
Feliç pont a tots. Que vos mengeu molt bunyols

Molt, dur. Si teu conten no teu creus. El ministro de la Pluma…