Com últimament estic rebent entusiastes comentaris a les crítiques que penje de la prensa musical, pues bueno, he pensat, per qué no penjes una altra? Com ara mateix estic sentit unes grans i bones vibracions al respecte vaig a penajarla; pero claro que, com no estic tonto de remate, entenc que no es el mateix llegir una crítica d´un disc que escoltar-lo, pero, si se me permitís, pose la mà al foc que casi segur no sentiu cap plaer o interés de saber qui es Billy Bremmer i en llegir la crítica, pero per el contrari la experiencia de escoltar este disc, això ja no está en la meua mà, vos proporcionará el mateix plaer com una llepà al ojete, a saber: escalfret que recorre l´esquena i sonrisa, quan no, risa tonta en la jeta (sento esta comparació per als no versats en el tema que encara no s´han adentrat en els misterisos i placenters secrets anals) Claro que, potser me enganye… no tots reben amb el mateix entusiasme una llepà al cul.

Guitarrista a sueldo de Walker Brothers en los ‘60 y en los últimos ‘70 miembro de propio derecho de los estupendos Rockpile junto a Edmunds y Lowe, Billy Bremmer ha pulsado las cuerdas de su eléctrica detrás de Little Richard, Duane Edy, Johnny Cash o Paul McCartney. Suyo es el solo que vertrebra “Back on the chain gang” de Pretenders y suya es la acústica que hacía volar “Young at heart” de los Bluebells.

Mano derecha pues, más que protagonista, Bremmer publicó un recordado single en Stiff Records, el profético “Loud music in cars” (1981), pero han tenido que transcurrir las décadas hasta que este británico residente en Suecia se decidiera a publicar un segundo álbum (el primero, “Bash!”, lo editó Arista en los ‘80). Y resulta que “No Ifs, Buts, Maybes” es una gozosa adición al canon Rockpile que ningún rutero veterano debería pasar por alto, una feliz regresión a esa época en la que la genuina música pop británica todavía le plantaba cara a los mamarrachos de moda. Acompañado por músicos escandinavos y dueño de una digna voz de jukebox, Bremmer destila en sus composiciones las influencias de los grandes, las arregla con brillante punch guitarrero y entusiasma a este cronista como si la “new wave” estuviera apenas despuntando. Grandes canciones, atemporales, en forma de fibroso rock´n´roll (“Knocked me with a feather”, “The biggest fool in town”), pop de alcurnia (“Where we still call home”, “Putting it in reverse”) o balada con el corazón en un puño (“What is the reason”, “The pictures we painted”). Un pequeño clásico recién horneado, no se lo pierdan.

Ignacio Julià