Apesar de que culturalmente me es imposible e impensable conectar con la gran mayoría de la gente; y de que muchas de las veces me sienta como si no me enterara de nada o un extraterrestre, no suelo arrepentirme de este enclaustramiento en muchos sentidos de la vida que llevo: a pesar de haber sido un gran consumidor de tele durante muchos años ya apenas puedo ver nada, y eso que la oferta de canales ahora es más grande. Así, por ejemplo, estuve meses sin saber exactamente qué era aquello de “opá” con un presentimiento funesto de que aquella palabra no la encontraría en el diccionario. De repente hay temporadas en que todo el mundo anda leyendo un libro y todo el mundo habla excelencias de él (incluso las personas menos impensables) y resulta difícil en los medios de comunicación no toparse con una notícia, crítica u opinión (o peor aún: un resumen del argumento con el consiguiente destripamiento del final) sobre él o el autor, de manera que se encuentra uno en una situación, se diría a veces incomóda, de ser el último ser en la tierra que no ha leído un libro, por poner un ejemplo, titulado el Código Da Vinci, del que cualquiera (piense usted en la persona más borrica) se permite aleccionarte sobre lo que es “buena” “literatura” (el doble entrecomillado es correcto).
En los últimos tres o cuatro años apenas he podido ver una docena de películas, siendo generoso con la cifra, sin contar con las películas que programan en la televisión y que ya he visto cientos de veces ( y sí, a veces me apetece ver una película de nuevo por que guardo un buen recuerdo, y sí, otras veces, incomprensiblemente para mí, vuelvo a ver películas de recuerdo infumable) es decir, ir al cine a ver una película. Y, como sucede con los libros, de repente se estrena, incluso antes de estrenarse, una película de la que todos hablan maravillas y la crítica resulta unánime en su veredicto. Como siempre me resisto a élla (a veces lo consigo), y intento cubrirme de la campaña mediática que arrastra tal obra de arte o máquina de hacer dinero: imposible, en cuanto uno se descuida ya está viendo el trailer de promoción de la susodicha película, en el que, como es costumbre en los últimos años, a uno no le dan ganas de ir corriendo al cine a verla por que el mismo trailer se encarga de una manera incomprensible para mí de destriparla… es como si ya hubieras visto la película. No se trata de una insinuación, sino que se trata de un resumen total (como los que hace Canal 9 de los partidos del Valéncia cuando gana, para que se hagan una idea) a flashes. En la mayoría de los casos la película es mediocre o mala, y uno se pregunta por qué tanto bombo y platillo, y si las películas malas o mediocres van siempre acompañadas de un descomunal despliegue de publicidad por qué la gente no se forma una idea o patrón, por los menos inconsciente, que dijera, por ejemplo: gran presupuesto o gran pompa no es sinónimo de calidad. Cierto es también que pequeño presuesto no es siempre sinónimo de calidad y que a veces, tan solo a veces, cuando consigo resistirme, me pierdo alguna buena película que todo el mundo ha visto, al igual que no me leo alguno de estos supuestos buenos libros, y que de haberlo sabido me lo hubiera leído antes. De todas maneras no hay prisa. No importa mucha esta avideza en enterarse o en disfrutarlo todo ya, como si a uno le quedaran dos meses de vida. Qué más da ver una película dos o cinco años después de haberse estrenado, o leer un libro que estuvo de moda hace unos años, qué pasa, caducan.
Donde más me arrepiento de mi comportamiento o modus operandi, es en el estreno de una nueva generación de series (norteamericanas la mayoría) de las que me estoy enterando ahora y que me parecen interesantes:
—”¿Qué? ¿Todavía no has visto un capítulo de House? ¡Psss… yo ya voy por la cuarta temporada!
—”Ah, bueno, !pero no me pegues!”
Y donde no me arrepiento nada en absoluto es en la música. El peor nivel cultural, o quizás el más zafio, sea el nivel musical, por lo menos, que yo sepa, aquí en España, por delante del literario. Los programas musicales de radio ya apenas los escucho (cierto que siguen habiendo buenos programas, no todo es malo) y me limito a estos pocos, pero es difícil zafarse de los criminales djs de estos programas, pues en cualquier sitio, ahora, en el autobús o de compras están puestos estos programas en el hilo músical, y de repente descubro que aquella música que a mí me da vergüenza ajena y dolor de cabeza a los demás no. Y no sólo no están atónitos como yo, sino que parecen conocer estas canciones, e incluso algunos despiadados las tararean o se arrancan a cantarlas con ese arte que carácteriza a los españoles, que de música sabemos un huevo, eh.

Jo salve a Shakireta!! I vostés, estimades senyores i senyors?
Jo a Bunbury, per raons diferents a les de Javi. xDDD
Supose que entra en eixa llista, oi?
Qué Manolo, farás les Cogudes Auditives d´enguany, les del 2007, amb videoclips freakis i una currá presentació?
Pseee… Alguna cosa farem… Tindré que estudiar l’oferta que m’enviares per correu-e de gravar unes mostres, passar-te-les i que lis poses uns riffs o algo