Y tener que leer tu nombre hasta tres veces.
Y sentir que no tiene sentido callarse las cosas.
Y tener que tragar tu odio a los tópicos al comprobar que os corre demasiada prisa a los más brillantes y adorables.
Y estar oyendo tus carcajadas desde que me he enterado.

No temas, meua, que ya me doy yo el par de collejas pendientes.

Un gran abrazo.