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El misteri de la barbeta »

Josevi | Literatura, Sorna | Diu, 2004/Ago/22 — 17:36

He encontrat un text definitiu sobre el misteri de la cuitor de la cara. Com s’apodera de la cara més bonica i en un periode de temps molt curt (un dia, tres segons, qui ho sap!?) ú es desperta, es mira a l’espill, i el trenca. Val a dir que tots estem preocupats per la corrupció, la cuitor de la cara. Ningú n’està salvat i ningú en parla d’això. No se si haurà parlat del fet en Joan Fuster (preguntar a Javi) però si la Marguerite Duras, que així comença la novela “el amante” (bonica manera de començar un llibre):

Un día, ya entrada en años, en el vestíbulo de un edificio público, un hombre se me acercó. Se dio a conocer y me dijo: “La conozco desde siempre. Todo el mundo dice que de joven era usted hermosa. Me he acercado para decirle que en mi opinión la considero más hermosa ahora que en su juventud, su rostro de muchacha me gustaba menos que el de ahora, devastado.

[...]

Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde. A los dieciocho años ya era demasiado tarde. Entre los dieciocho y los veinticinco años mi rostro emprendió un camino imprevisto. A los dieciocho años envejecí. No sé si a todo el mundo le ocurre lo mismo, nunca lo he preguntado. Creo que han hablado de ese empujón del tiempo que a veces nos alcanza al trasponer los años más jóvenes, más gloriosos de la vida. Ese envejecimiento fue brutal. Vi como se apoderaba de mis rasgos uno a uno, como cambiaba la relación que existía entre ellos, como hacía la mirada más triste, la boca más definitiva, cómo grababa la frente con grietas profundas. En lugar de horrorizarme según la evolución de ese envejecimiento con el interés que me hubiera tomado, por ejemplo, por el desarrollo de una lectura. Sabía también, que no me equivocaba, que un día aminoraría y emprendería su curso normal. Quienes me conocieron a los diecisiete años, en la época de mi viaje a Francia, quedaron impresionados al volver a ver me, dos años después, a los diecinueve años. He conservado aquel nuevo rostro. Ha sido mi rostro. Ha envejecido más, por supuesto, pero relativamente menos de lo que hubiera debido. Tengo un rostro lacerado por arrugas secas, la piel resquebrajada. No se ha deshecho como algunos rostros de rasgos finos, ha conservado los mismos contornos, pero la materia está destruida. Tengo el rostro destruido.

Procupant, mooolt preocupant. Enviar aquest text a totes aquelles persones que s’estiguen coen de mala manera: “Si nene, t’estas coent :-P”.

Tan sols un comentari »

#1 | Diu, 2004/Ago/22 @ 17:55 | Manolo

La por a ú mateix, a lo cert que li portarà l’esdevenir, a lo que ú ja ha fet tard per mantindre (dins les seves possibilitats) encara que no supere la vintena i que de segur empitjorarà. La por per culpa del mon material en el que vivim. I encara que tenim el do de la por, no ens adonem de que la cuitor és molt més greu de lo que creiem.

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