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	<title>Cogudes Mentals &#187; Extractes</title>
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	<description>Pensaments incoherents de gent sense trellat</description>
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		<title>El baró rampant o l&#8217;amor als arbres</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Sep 2009 22:10:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Extractes]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[Cosimo encara no coneixia l&#8217;amor, i les altres experiències, sense aquesta, ¿que són? ¿De què val haver arriscat la vida, quan encara no es coneix el gust de la vida? [...] A la primavera el món damunt els arbres era un món nupcial: els esquirols s&#8217;estimaven amb moviments i xiscles gairebé humans, els ocells s&#8217;aparellaven [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cosimo encara no coneixia l&#8217;amor, i les altres experiències, sense aquesta, ¿que són? ¿De què val haver arriscat la vida, quan encara no es coneix el gust de la vida?</p>
<p><span id="more-854"></span></p>
<p>[...] A la primavera el món damunt els arbres era un món nupcial: els esquirols s&#8217;estimaven amb  moviments i xiscles gairebé humans, els ocells s&#8217;aparellaven batent les ales, fins i tot les sargantanes corrien unides, amb les cues lligades en un nus; i els porcs espins semblava que s&#8217;havien tornat tous per fer més dolces les seves abraçades. Els gos Ottimo Massimo, gens intimidat pel fet de ser l&#8217;únic basset d&#8217;Ombrosa, festejava grosses gosses pastores, gosses llobes, amb un coratge de milhomens, refiant-se de la simpatia natural que inspirava. Alguna vegada tornava baldat per les mossegades; però en tenia prou amb un amor afortunat per sentir-se pagat de tots els fracassos.</p>
<p align="right">El baró rampant, d&#8217;Italo Calvino</p>
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		<title>Malbork y los cruzados</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Jul 2009 22:06:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Extractes]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;En realidad, el vino sólo les estaba permitido a los cofrades superiores de la Orden, así como a los enfermos y heridos&#8221; &#8211; nos explicó el guía &#8211; &#8220;El típico caballero de la Orden sólo recibía una jarra de cerveza con la cena&#8221; Asentimos con la cabeza, incapaces de comprender semejante drama. Muchos de nosotros [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;En realidad, el vino sólo les estaba permitido a los cofrades superiores de la Orden, así como a los enfermos y heridos&#8221; &#8211; nos explicó el <a href="http://es.polandforall.com/el-mayor-castillo-medieval-de-europa-malbork.html">guía</a> &#8211; &#8220;El típico caballero de la Orden sólo recibía una jarra de cerveza con la cena&#8221;</p>
<p>Asentimos con la cabeza, incapaces de comprender semejante drama. Muchos de nosotros preferíamos la <a href="http://birres.cogudesmentals.net/">cerveza</a> al vino.</p>
<p align="right"><em>Yuri Andrujovich: El último territorio</em></p>
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		<title>Saltando por encima de los charcos</title>
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		<pubDate>Sat, 18 Jul 2009 13:11:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Extractes]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Resfriarme?, se asombra la niña, ¿ahora que se está fundiendo el hielo y empieza a hacer calor? Seguro que no sabes lo que es el auténtico frío. Y la pequeña siberiana mira con una clara aunque discreta superioridad al hombre que, a pesar de ser mayor parece no tener ni la más remota idea de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Resfriarme?, se asombra la niña, ¿ahora que se está fundiendo el hielo y empieza a hacer calor? Seguro que no sabes lo que es el auténtico frío.</p>
<p>Y la pequeña siberiana mira con una clara aunque discreta superioridad al <a href="http://ca.wikipedia.org/wiki/Ryszard_Kapu%C5%9Bci%C5%84ski">hombre</a> que, a pesar de ser mayor parece no tener ni la más remota idea de lo que es el auténtico frío.</p>
<p><span id="more-760"></span></p>
<p>Al gran frío, me explica, se lo reconoce por una niebla clara y luminosa que queda suspendida en el aire. Cuando la persona la atraviesa, en la niebla se forma un pasillo. El pasillo tiene la forma de la silueta de la persona que pasa. La persona pasa, pero el pasillo permanece, se queda inmóvil en la niebla. Un hombre grande y macizo forma un pasillo grande, y un niño, un pasillo pequeño. Tania forma un pasillo estrecho, porque es delgada, aunque, para su edad, es un pasillo alto, cosa comprensible, pues es la niña más alta de la clase. Gracias a estos pasillos, Tania sabe cada mañana si sus compañeras han salido ya para la escuela: todas conocen el aspecto de los pasillos de sus amigas y vecinas más pròximas.</p>
<p>Cuando ve un pasillo ancho y bajo, de líneas claras y definidas, es señal de que ya ha pasado por allí Klauvdia Matvéievna, la directora de la escuela.</p>
<p>Si por la mañana no se ve ningún pasillo que por su medida corresponda a la estatura de un alumno de primaria, eso significa que el frío es tan intenso que se han suspendido las clases y los niños se quedan en casa.</p>
<p>A veces se ve un pasillo que es muy desigual y que de pronto se corta en seco. Eso significa, Tania baja la voz, que ha pasado por allí un borracho, ha tropezado y se ha caído. Cuando el frío aprieta, muchos borrachos mueren por congelación. Entonces, un pasillo así parace un callejón sin salida.</p>
<p align="right">Extret de: <strong>&#8220;El Imperio&#8221; de Ryszard Kapuscinski</strong></p>
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		<title>El Imperio. Ryszard Kapuscinski</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Jul 2009 07:42:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Extractes]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[Ahora, los pasajeros recogen todo lo que tiene &#8211; maletas, bolsas, paquetes, fardos &#8211; y lo llevan al edificio de la estación, donde nos esperan largas mesas recubiertas de hojalata. Desde todas partes, grandes carteles rojos nos dan una alegre bienvenida a la Unión Soviética. De pie, bajo los carteles, vemos una fila compacta de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ahora, los pasajeros recogen todo lo que tiene &#8211; maletas, bolsas, paquetes, fardos &#8211; y lo llevan al edificio de la estación, donde nos esperan largas mesas recubiertas de hojalata. Desde todas partes, grandes carteles rojos nos dan una alegre bienvenida a la Unión Soviética. De pie, bajo los carteles, vemos una fila compacta de aduaneros, hombre y mujeres con expresión de amenaza y severidad en los rostros, además de la de un cierto reproche. Sí, definitavemente, reproche.</p>
<p><span id="more-745"></span></p>
<p>[...] Y, sin embargo, a pesar de que llevo varios libros en inglés (en su mayoría son manuales de chino y de japonés), no soy yo el peor. Los peores han sido colocados junto a una mesa aparte, una mesa como de segunda categoria. Son gentes del lugar, ciudadanos de la Unión Soviética, <a href="http://egov-buryatia.ru/eng/index.php?id=9">buriatos</a> y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Pen%C3%ADnsula_de_Kamchatka">kamchatkos</a>[...], hombres menudos y escuálidos de tez oscura y ojos rasgados que visten capotes agujerados y calzan botas de fieltro rotas. No sé como les habían dejado viajar a la China, pero lo cierto es que han ido y, al volver, traen comida. Veo con el rabillo del ojo que van cargados con saquitos de sémola.</p>
<p>Y la semola en cuestión ahora se convertirá en el centro de atención. A todas luces la sémola, junto con los libros, pertenece a los productos más sospechosos. Por lo visto entraña algo equívoco, algún rasgo pérfido y alevoso, alguna doblez o artimaña, pues si bien es cierto que parece sémola, puede resultar no serlo del todo, que sí es sémola, pero no al ciento por ciento. Por eso los aduaneros la vierten toda sobre la mesa, que se tiñe de tonos dorados y ocres, ofreciendo  el aspecto de una maqueta del Sáhara que hubiesen plegado ante nuestros ojos. La sémola pasa a ser objeto de un detallado y minucioso examen. Los dedos de los aduaneros apartan finísimos regueros de granos, dejan pasar uno, otro, pero de repente: ¡stop! Los dedos se detienen y se inmovilizan. Han detectado un grano extraño. Lo han detectado y han enviado una señal al cerebro del aduanero, y el cerebro les dice: intentad otra vez, pero con cuidado y atención. Los dedos dan vueltas al grano, moviéndose de una manera delicada y casa imperceptible. Aunque delicada y apenas imperceptible, lo examinan con suma atención. Experimentados dedos de aduanero soviético. Diestros, listos para atrapar el grano sin perder un segundo, para echale la zarpa y aprisionarlo. Pero el grano sólo es lo que es: un grano común y corriente de una sémola común y corriente, y lo único que lo distingue del millón de otros granos desparramados sobre la mesa de la estación fronteriza de Zabaikalsk no es más que su forma algo extraña, resultado del desgaste de algún engranaje de la rueda de molino. De modo que no se trata de ningún contrabando ni argucia (llega a la conclusión el cerebro del aduanero), pero no se da por vencido. Todo lo contrario: ordena seguir separando los granos, palparlos y examinarlos uno a uno. Y, ante el más leve asomo de duda, inmediatamente ¡stop!</p>
<p>No perdamos de vista que corren los años cincuenta, época en la que los molinos de China son muy viejos y funcionan a trancas y barrancas. Pensemoss en los problemas que crean a los aduaneros de <a href="http://maps.google.es/maps/ms?msa=0&amp;msid=100363513342786577176.00043813643083cc0847c&amp;hl=ca&amp;ie=UTF8&amp;ll=50.092393,116.103516&amp;spn=11.73696,38.62793&amp;z=5">Zabaikalsk</a>. Cantidades ingentes de granos tiene una forma atípica, sospechosa. Los dedos envían una señal al cerebro cada segundo. El cerebro cada segundo alerta: ¡stop! Grano tras grano, puñado tras puñado, saquito tras saquito, buriato tras buriato.</p>
<p>No puedo apartar la vista del espectáculo. Lo miro fascinado [...] ¡Pero si estos dedos deberían esculpir oro y tallar diamantes! ¡Esos movimientos microscópicos, esa exactitud, es sensibilidad, <em>ese virtuosismo aduanero</em>!</p>
<p align="right">Ryszard Kapuscinski: El Imperio.</p>
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		<title>La mà del morter</title>
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		<pubDate>Thu, 31 Jul 2008 09:04:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Extractes]]></category>

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		<description><![CDATA[En la aceituna las mujeres y los hombres se relacionan con una soltura que no existe en ninguna otra circunstancia, se gastan bromas procaces que estarían prohibidas en la vida normal, y a veces, de las gavillas de mujeres arrodilladas, se levanta un escándalo de risas provocadas por historias que a algunas de ellas las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En la aceituna las mujeres y los hombres se relacionan con una soltura que no existe en ninguna otra circunstancia, se gastan bromas procaces que estarían prohibidas en la vida normal, y a veces, de las gavillas  de mujeres arrodilladas, se levanta un escándalo de risas provocadas por historias que a algunas de ellas las hacen enrocejer y que los niños no entienden, o por una copla pícara que entonan a coro varias voces agudas:</p>
<blockquote><p><em>En tiempo de la aceituna<br />
se hacen las bodas.<br />
La que no sale al campo<br />
no se enamora.</em></p></blockquote>
<p><span id="more-446"></span></p>
<p>Yo avanzo de rodillas, siempre al lado de mi madre, fijándome en la velocidad con que ellas recogen aceitunas con las dos manos, picoteándolas entre el índice y el pulgar de cada una como si fueran dos pájaros. Con los jornales que ganemos los dos este invierno me encargará un traje y pagaremos los primeros plazos para un televisor. Yo soy mucho más lento que ella, se me forman padrastros dolorosos, se me rompen las uñas, recojo aceituna y al poco se me caen de la manos, o voy a tirarlas a la espuerta y lo hago con tal mala puntería que caen fuera. Sin dejar de mover los dedos veloces y de avanzar arrodilladas las mujeres me miran y se mueren de risa, burlándose de mi torpeza, y yo me pongo rojo y me vuelvo más torpe todavía.</p>
<p>—Mira qué manos tiene, que parecen de niña.<br />
—Pero si al pobre no se le han calentado todavía, no puede ni juntar las puntas de los dedos.<br />
—Manos de estudiante, y no de aceitunero.<br />
—Pues a todo hay que hacerse en la vida.<br />
—La aceituna que recoge con una mano se le va escapando de la otra.<br />
—Veréis cuando coja  lo que yo me sé, cómo no se le escapa.<br />
—Pero mujer, que es un niño, que se ha puesto colorado.<br />
—Será un niño pero seguro que ya sabe manejar la mano del mortero…</p>
<p>Me arde la cara, me he puesto más rojo todavía, me pica el cuero cabelludo, y cuanto más rojo me pongo más alto se ríen las mujeres [...]</p>
<p align="right">Lectura d&#8217;estiu: &#8220;El viento de la luna&#8221;, de Antonio Muñoz Molina</p>
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